Por su tamaño, los niños comen más comida, beben más líquidos, y respiran más aire en proporción que los adultos. Por esta razón ellos reciben una dósis de un químico más alta que un adulto recibiría.

¡Piensa en cuanto tiempo los niños pasan en el suelo! Ellos pueden entrar en contacto con muchos químicos peligrosos de esta manera.

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